jueves, 23 de octubre de 2008

Amnistía, amnesia, ampay me salvo

Desde hace unas semanas se venía venir. El Presidente mismo había echado a rodar el tema, conminando a cesar el maltrato a los militares, y llamando al congreso a hacer algo al respecto.

Pero ¿qué quieren realmente estos personajes detrás de los pedidos de impunidad? Parece improbable que se tomen en serio la posibilidad de lograr una ley de amnistía, en pleno siglo XXI y luego de una sentencia de la Corte Interamericana referida precisamente al Perú por una ley anterior y similar. Quizá, lo que quieren son objetivos más modestos, pero no por eso desdeñables: a) obtener beneficios a nivel de sus procesos penales, lo que implica no morirse en prisión y quizá no perder bienes que pueden haber obtenido ilícitamente y, b) seguir vigentes políticamente, es decir, administrar sus desastres y resguardar su prestigio.

Son los de siempre, fujimoristas, miembros del aprismo, militares, y grupos de poder vinculados con ellos, que juegan a pedir lo máximo, en este caso la amnistía, para lograr sus verdaderas metas. Saben que la amnistía no va a pasar. Que incluso, de darse el caso escandaloso y grosero de que se apruebe una ley pro impunidad en el parlamento nacional, a nivel internacional no tendrá cómo sostenerse, aislará al país, debilitará su perfil que quiere ser moderno, de crecimiento y éxito, y terminará con la Corte Interamericana dejando sin efecto tal normativa y sancionando al Estado peruano una vez más.

Obtener lo máximo que se pueda, ese el fin de esta campaña, que no es una campaña improvisada, sino parte de una estrategia sostenida y paciente, que ha sabido ir construyendo su mejor escenario.

¿Cuál es este escenario?

La campaña sobre Vizcatán y el VRAE, que trae costos en vidas de soldados peruanos y que es USADA para insistir con la imagen de unas fuerzas armadas sacrificadas, pero malpagadas por el país. El fantasma de la pervivencia de Sendero Luminoso ha sido empleado de modo sistemático por años. Ahora, con la campaña militar, con los mártires del ejército en los titulares de diarios y noticieros, la injusticia del trato hacia estos héroes es más fácil de manipular.

Un Primer Ministro débil, con pasado de izquierdista radical, que se ve obligado a dar muestras de ser un defensor del sistema. Yehude Simon tiene poco margen de maniobra frente a las exigencias y la agenda que le pongan por delante Antero Flores y Luis Giampietri, voceros de los militares enredados en temas de justicia. Yehude Simon es más débil aún porque no tiene tras de sí ningún grupo de respaldo, está solo. Intentará una salida intermedia cuando sea presionado, algo como revisar los casos uno por uno y no estigmatizar a toda una institución.

Voluntad política de primer nivel. El Presidente de la República ha definido con toda claridad su posición al respecto. Él quiere que no se maltrate más a los militares, que no se los someta a juicios eternos y que no se manche a la institución. Ha pedido públicamente al Congreso de la República que trabajen juntos para impulsar iniciativas en este sentido. El Presidente de la república no encontrará en el Presidente del Consejo de Ministros un contrapeso o alguien con quien negociar estos temas. Él si puede impulsar una buena iniciativa al respecto, si ve que el escenario no le traerá muchas pérdidas.

El trabajo con la opinión pública. Las campañas en medios de comunicación que parecen aisladas no lo son. Los ataques a las ONG de derechos humanos apuntan a socavar su credibilidad, así, cuando las papas quemen, ya no tendrán el mismo peso. Los ataques a la Comisión de la Verdad y sus ex integrantes tienen como objeto quitar legitimidad a sus conclusiones y recomendaciones. Y se sabe que estas incluyen llevar a la justicia a los culpables de crímenes y reparar a las víctimas. El ataque a Sofía Macher como símbolo visible de este esfuerzo, hay que entenderlo por allí (falta saber cuánto apoyo recibirá el Consejo de Reparaciones ahora que ha salido Del Castillo).

Pero el trabajo con la opinión pública ha tocado también a los grupos de cierta izquierda. Armando Villanueva y otros han lanzado la extraña idea de una amnistía para Polay y otros subversivos en la idea de reintegrarlos a la sociedad. Amnistía para todo el mundo entonces. Esto, y el hecho de que Ollanta Humala, el principal líder opositor tenga aún pendiente el caso de Madre Mía por violación de derechos humanos, hace que se anulen en parte las posibilidades de encontrar en la izquierda más radical, oposición a movidas por el estilo.

Y la no menos inocente campaña por construir el militar mártir e incomprendido y por lo tanto, suprimir en el espectador cualquier ánimo crítico. Desde La Razón y otros periódicos hasta la producción de una película financiada por las fuerzas armadas, que ha sido exhibida en todos lados y con una campaña de publicidad impresionante, el mensaje masivo va calando (por cierto, el congresista autor de la propuesta de ley de amnistía es actor de la cinta… quien crea en casualidades…).

Los procesados penalmente quieren beneficios para evitar en lo posible sufrir largas carcelerías y perder su estatus social. No quieren ser parias. Quieren ser militares que a lo más se equivocaron, pero no ser desarraigados del lugar que ocupan en su escala social. Gollerías. Los que no han sido condenados, quieren evitarlo y zafar. Los políticos quieren seguir vigentes, refundar en la memoria de la opinión pública un perfil que no sea de perseguidos por crímenes, sino de gente que tuvo que tomar decisiones terribles y duras, aún a su pesar, por el beneficio de todo el país, de todos nosotros.

Esta campaña va a fortalecer alianzas que parecían, vistas desde lejos, un poco debilitadas. La campaña también huele a campaña electoral.

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