domingo, 16 de noviembre de 2008

Hay un plazo para la justicia


Hay un plazo para la justicia. Quien la espera debe poder estar vivo para experimentarla.

Tantas discusiones hacen perder perspectiva. Se podría seguir argumentando y contra argumentando por los proyectos de ley de amnistía e indulto y por cualquier otra cosa que vaya copando la coyuntura hasta dar por satisfecho nuestro deber, nuestro trabajo o nuestra vanidad intelectual.

Lo cierto es que hay cosas más concretas. Físicas. Con plazos. Que ocurrirán sean parte de nuestra "agenda" como que no.

Hace un par de semanas falleció la madre de un estimado amigo, miembro de la Juventud de ANFASEP. Su madre era una dirigenta antigua de esta asociación ayacuchana de familiares de desaparecidos.

Este año 2008 por lo menos tres de estas antiguas dirigentas han fallecido. Lo mismo ha ocurrido en años anteriores. Y seguirá ocurriendo pues es el natural ciclo de la vida.

Lo que no es natural (¿o sí?) es que mueran tras 25 años de lucha sin haber alcanzado lo que con justicia han reclamado. Ni siquiera la solidaridad del resto de compatriotas.

¿Cuál es la solución para estos tremendos problemas dejados por la guerra? ¿Debe ser el tiempo el que los solucione dando paso a nuevas generaciones que no la hayan sufrido?

No hay sentimentalismo en esto. Ni ingenuidad. Las madres de Anfasep no gritan ya el viejo "Vivos los llevaron vivos los queremos". Saben que sus familiares fueron ejecutados extrajudicialmente y están en alguna fosa común. Sus demandas son que se sancione a los principales responsables. Que se les reconozcan reparaciones individuales, no colectivas. Que se den medidas simbólicas con real contenido. Y si es posible, que se les diga dónde están los cuerpos de sus parientes si es que alguien lo sabe.

Piden otras cosas más sencillas también. Que les cedan un espacio en el Cuartel Cabitos del Ejército para edificar un espacio de memoria, por ejemplo.

En el Cuartel Cabitos, ese lugar que es su terrible contra símbolo. Porque si para algunos pocos Anfasep es signo de búsqueda de verdad y justicia, Cabitos es signo de crímen y búsqueda de impunidad. Ambos cercanos, ambos a unos cuántos metros en la misma ciudad, ambos reclámándose para ocupar su lugar de opuestos en el orden de una época de símbolos débiles y desconocidos para la mayoría.

Porque quizá Anfasep es el símbolo débil y callado de otras miles de mujeres campesinas que envejecen y mueren en sus comunidades abandonadas, viudas, solas, enfermas, sin haber encontrado consuelo para su pérdida. Y Cabitos quizá ejemplo de tantos otros lugares de espanto que han sido ocultados para que no existan. Y no existen más que de un modo fantasmal.

Y aunque puedan ser sígnos o no de muchos otros fenómenos, poco importa, pues las cosas son simples. Fuera de literatura de moda y talleres exitosos, la gente se muere.

Porque nadie puede vivir más de cien años. Es así. Mientras tanto, el país sigue girando, las autoridades prometiendo, los militares ocultando, los ministros obstaculizando, los congresistas legislando, los activistas marchando, los abogados litigando, los intelectuales estudiando, las ONG capacitando, las estaciones cambiando. Y el mundo avanzando hacia un futuro incierto y caluroso con menos gente que estorbe con pedidos imposibles.
¿Tiene que ser necesariamente así?

6 comentarios:

  1. ¡Vivos los llevaron, vivos los queremos!

    Imagino la impotencia de esas madres frente a una puerta cerrada, frente al frío muro de una fortaleza inexpugnable. ¿Estarían vivos sus hijos? ¿Habrían pasado a la insufrible condición de "desaparecidos"?

    Hace unos días ocurrió un asunto, un problema de discriminación racial en contra de las congresistas María Sumire e Hilaria Supa. ¿Su crimen?, parecerse a las señoras que gritan aquel estribillo que se pierde como un grito en el desierto. Si bien esto fue de IBERIA, No podemos ocultarnos y lanzar la primera piedra, porque nos podemos enorgullecer del Perú y sus monumentos: Machu Picchu, Kuélap, caral. Es fácil querer esas cosas que no tienen ojos, que no tienen hambre.

    Pero... ¿Qué pasa con los descendientes de los que hicieron esas obras? Se les discrimina, se les desaparece o se les pone como carne de cañón (en cualquiera de los frentes, rojo, blanco azul o amarillo patito), como mano de obra reemplazable.

    ¿Hasta cuándo cargaremos sobre nuestros hombros esta herencia colonial?

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  2. Comparto contigo dos cuentos (cuentos breves) a la manera de epitafios, que son como dos caras de una moneda:

    Cara:
    Yacen aquí confundidos: húmeros, tibias y costillas ¿Cuáles de ellos serán los tuyos?.

    Sello:
    Gran dictador que pacificaste la patria con coraje y decisión, nunca sabremos cuánto te debemos.

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  3. Si master, como dicen el tiempo cura todas las heridas. Es la ley del más fuerte.

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  4. Hagamos un homenaje a cada madre anónima de ANFASEP y de cualquier parte del pais, que perdió a un hijo, por su valentìa de seguir luchando, a pesar de ignorar todo el serpentín que conduce a la obtención de justicia en el país; por llevar la pesada carga y responsabilidad de devolver la dignidad a sus hijos, tarea que debió ser asumida en primer lugar por el Estado. Un saludo a los familiares de la señora fallecida y a traves de ella a todo ANFASEP, ya que su lucha nunca será en vano.

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  5. Cuántas madres y esposas no se habrán muerto en el abandono, con su país dándoles la espalda. Cómo creer en ningna democracia si la justicia no puede hacer algo por tantas mujeres desde hace tantos años. La democracia es solo para hacer cumbres. Sirve solo a algunos. Saludos
    Ivánperez_quimper@gmail.com

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  6. Por lo menos este tema del memorial en el cuartel Cabitos de Huamanga debe ser un mínimo gesto de reconocimieto. Es una batalla que aún hay que dar, pues hay ofrecimientos por parte del comisionado para la paz y desarrollo de Ayacucho de lotizar esa parte del cuartel y entregarla a miembros de comités de autodefensa. Un despropósito que puede generar conflicto entre dos sectores afectados de la población.

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