sábado, 31 de enero de 2009

El baúl de los recuerdos: "Marxista hasta un segundo antes de mi muerte"


- "Oye, hasta cuándo vas a ser marxista?"

- "Hasta un segundo antes de mi muerte."

Tan patética frase, simbólica de un compromiso político y vital común en aquellos muy agitados años de fines de la década de los 70 del siglo pasado, pudo ser de muchos, sí, pero en este pequeño recuerfo, fue de uno.

Fue de Cucho. El entonces joven y prometedor dirigente de izquierda, Agustín Haya de la Torre, "Cucho" para sus amigos y camaradas, la dio en una entrevista del 25 de junio de 1979 al fenecido semanario "La Calle".

¿Qué fue de "La Calle"? Fue una revista de corta duración, editada por Runamarka SA., la misma empresa editorial que sacaba La Revista de Marka y que sus activos dueños, hombres de izquierda y también de negocios, produjeron para enfrentar el cierre de Marka por parte del gobierno del General Morales Bermúdez. Cumplió un rol efectivo de incidencia política y presión y sobrevivió unos meses a la reapertura de las revistas en el Perú, luego de la famosa huelga de periodistas de 1979.

¿Qué fue de "Cucho" Haya. En 1979 era Dirigente Nacional de la Unidad Democrática Popular (UDP) en representación del Partido Comunista Revolucionario - Trinchera Roja (PCR - Trinchera Roja) . En la entrevista habla de la relación con su famoso apellido, su familia y el Partido Aprista, cómo lidia con esto y sale bien librado, desmarcado de ese pesado legado, para cumplir su rol dentro de los planes de la izquierda peruana, que tan apremiantes eran entonces.

En 1996 "Cucho" Haya se inscribió en el Partido Aprista. Con el segundo gobierno de Alan García, como 20 años después de la frase recordada, se convirtió en un funcionario del Gobierno como director de la Agencia Peruana de Cooperación Internacional - la famosa APCI. Desde allí no tuvo empacho en tolerar (¿promover?) las acciones del gobierno por monoscabar la idependiencia de las ONG de derechos humanos y ambientalistas, las que - rara es la vida- muchas tienen entre sus directivos aún a ex compañeros suyos.

Hasta al mejor marxista se le acaba por terminar la mecha. Aunque para ser correctos, tampoco es que haya llegado el último segundo se su vida. Y que no llegue, claro.

martes, 27 de enero de 2009

Uchuraccay: "Sí, les dimos muerte"


Sobre la masacre de los periodistas en Uchuraccay se ha escrito e investigado mucho. Desde la Comisión Vargas Llosa (1983), pasando por el juicio (1987) hasta el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (2003). Solo quiero recordar una breve pero significativa entrevista, ya casi olvidada.

Conocida la masacre de los 8 periodistas, viajaron desde Lima directivos de los medios donde trabajaban: Diario de Marka (Chema Salcedo director, además de "Chivo" Castillo y Severo Huaycochea), La República (Guillermo Thornidike y el "Chino" Domínguez) , El Observador (Wiener), y de la Revista Oiga.

Además llegaron otras autoridades y hombres de prensa como Mario Castro Arenas (Decano del Colegio de Periodistas), César Hildebrandt de la televisión, Arturo Salazar Larraín (La Prensa), Guido Chirinos (Última Hora), Monseñor Luciano Metzinger, los senadores Jorge del Prado y Murrugurra, Osvaldo Sánchez, presidente de la Asociacion de Reporteros Gráficos del Perú, entre otros.

Viajaron en un jet alquilado a la aereolínea Faucett por Guillermo Thorndike, entonces director de La República (1983) y antes de El Diario de Marka (1981).

Cuando llegaron a Huamanga, Luis Morales Ortega, corresponsal de El Diario de Marka en Ayacucho ya salía para Uchuraccay en un helicóptero del Ejército, junto al juez y miembros de la policía. Cuando el resto de la delegación de periodistas llegó a la comunidad de Uchuraccay, Morales ya estaba conversando en quechua con los comuneros.

Reproducimos un breve extracto de una de estas entrevistas realizadas en el sitio por Morales, recogida a pocas horas de ocurruido los hechos, en quechua, y en condiciones en que intentaba de alguna manera evitar la presencia de los policías o minimizar su intervención en las entrevistas.

Fragmento recogido del inmerecidamente olvidado libro de José María Salcedo "Las tumbas de Uchuraccay", publicado en enero de 1984, sin ninguna reedición, y casi por completo fuera de circulación.


- ¿Cómo te llamas?
- ¿Mi nombre señor?
- Sí.
- Olimpo Gavilán, señor.
- Olimpo Gavián, ¿no te enteraste de que entre el grupo de periodistas había uno apellidado Gavilán? El día que llegaron, ¿llegaron con armas?
- No señor, sin armas.
- ¿Con qué llegaron?
- Habían llegado con cámaras fotográficas, con películas, documentos de algunos niños de 10 o 12 años, así. Los otros habían venido con carnets y luego dentro de la maleta encontramos bandera, bandera de Rusia.
- ¿Dentro de la maleta había una bandera de Rusia? ¿De qué maleta?
- En la maleta que habían traído. Además había dentro de las maletas hule celeste en abundante cantidad.
- Dime esto nada más. ¿Ese día había acá hombres armados?
- No señor, no hubo nadie. En esta puna no había nadie armado.
- ¿Bebieron ese día, estuvieron solos?
- Todos estuvimos sanos.
- ¿Por qué los mataron si estaban sin armas, si nada? ¿Sólo porque vinieron ¿Por qué los mataron?
- Porque los militares, porque los jefes que han venido nos han dicho: a esa gente les toman bien sus declaraciones y si tienen algo y creen que son sospechosos les dan muerte. Sí, les dimos muerte.
- Si no tenían armas, eran gente como ustedes y sin que dieran motivo, ¿por qué los mataron?
- Sí, porque tenían bandera, nada más.


Como se recordará, Luis Morales Orteaga, periodista ayacuchano que denunció desde tempranas fechas las violaciones de derechos humanos cometidas por ambos bandos en conflicto, fue asesinado en 1991 por presuntos agentes del Estado, miembros del Grupo Colina.


Aca algunas imágenes de un documental sobre el tema:

"UCHURACCAY" de Carmen Valdivieso
Cargado por enlacenacional

Aca un reprotaje de Canal 7, donde se puede ver a Luis Morales entrevistando a los comuneros.


lunes, 19 de enero de 2009

Lhasa de Sela - El Desierto

Lhasa recita, canta.

Desde allí se calcina. Y se ríe. Porque todo parece tan sencillo: el centro de la nada es el corazón que se ha usado mal. Pero desolado, es solo suyo.

domingo, 18 de enero de 2009

La culpa del que me obliga a matar niños


Gustavo Faverón ha expuesto en su último artículo algunos argumentos que buscan hacer inteligible la conducta del Estado israelí. Su artículo se titula "Los niños de Gaza". Y es una breve explicación de por qué han muerto tantos de ellos en esta ofensiva militar, que al parecer está terminando.

Quizá la idea fuerza del artículo sea "la culpa de que los niños de Gaza mueran no es de los que los matan sino de los que los colocan en situación de morir". O en todo caso de ambos. Y que eso no lo quieren reconocer los que solo condenan a Israel.

(o que solo lo condenan desde argumentos simplificadores, como según él lo hace Gonzalo Gamio, del que se ocupa en un post anterior, al cual critica especialmente por el uso de la acusación de "limpieza étnica" como política del Estado de Israel sobre el pueblo palestino. Por cierto, Gamio señala que no piensa eso, sino que citó a alguien y lo comentó... Bueh... que Gamio se defienda como pueda si de algo tiene que defenderse).

Algunas de las ideas expuestas por Gustavo son desde mi punto de vista:

Israel tiene objetivos militares. No es la maldad lo que mueve su acción, sino fines de seguridad, fines políticos. No tiene motivos para matar civiles y menos niños. Así que si los mata debe ser porque no puede evitarlo. O porque lo obligan. Y como esto efectivamente ocurre, entonces los mata.

A Hamas en cambio le conviene la muerte de niños. Es provocación para los políticos y militares de israel, propaganda en contra, solidaridad por su causa, protección para sus edificios importantes. Por eso los usa de escudos humanos. Por eso los niños mueren.

Sin duda, todo eso debe haber en ese conflicto, y mucho más.

La barbarie no es monopolio de un solo lado, casi nunca lo es ningún conflicto armado. Pero los esfuerzos de racionalizar situaciones como esta, conductas criminales finalmente, pueden ser hasta lúcidos, pero... no sé, los intelectuales deberían ser menos intelectuales y quizá más activistas antes de aportar argumentos que pueden ayudar a justificar a los políticos de cualquier bando sus abusos de poder.

En situaciones como las que hemos visto estas semanas, me temo que la razón tenga poco que ver, su impacto es reducido en la marcha de estos acontecimientos. Es el cálculo, el beneficio y no la razón los que priman. Y las mentiras, construidas como simulacros de razonamientos nos acaban confundiendo a todos. Como buena propaganda y porque para eso son.

Es penoso reconocer que año tras año y década tras década la confusión, hija de la manipulación política, de tradiciones y prejuicios, de identidades nefastas, ha aportado discursos explicativos y racionalizaciones similares.

Siempre mueren inocentes porque se mezclan con los culpabes y no se los puede distinguir bien. Se lo llama costo social. Daño colateral. Efecto no esperado. Lamentable saldo. Tragedias, inevitables pérdidas, en suma.

En nuestro país, durante el periodo de violencia estos argumentos fueron usados tanto por el Estado como por Sendero Luminoso. Voceros militares explicaron que los senderistas se camuflaban en las comunidades y como no podían saber quién era quién, arrasaron con todos (niños incluidos). Lo hicieron por la patria, porque era una orden, por cumplir con el deber, por la seguridad colectiva.

Porque los senderistas, de acuerdo a las doctrinas maoistas, en efecto, llamaban a su partidarios a estar entre los campesinos, como peces en el agua. Y su guerra avanzaba victoriosa, sus ataques eran más cruentos, parecían indetenibles por vías normales. Así que a los militares no les faltaba una buena justificación para su accionar.

Los senderistas, por otro lado, hablaban de la cuota. También afirmaban sus dirigentes que si para que triunfe la revolución eran necesarios un millón de muertes, pues habría que pagar ese costo (esperaban una invasión norteamericana, una gran matanza y una guerra de liberación).

No se quedaron en teorías, desde luego. La matanza de los penales, crímen de lesa humanidad cometido por el Estado peruano, fue provocado en parte por las decisiones de los dirigentes senderistas. La situación fue llevada a un punto de tensión concientemente, donde la posibilidad de que el resultado fuera la muerte de todos los presos no era ajena para los dirigentes y los propios reclusos.

Pero aunque Sendero Luminoso fuera una organización terrorista, provocadora, que instrumentalizaba a sus propios miembros en función de fines políticos, colocando en alto riesgo sus vidas e integridad, es decir, ofreciendo al Estado una posibilidad de respuesta criminal, eso no quiere decir que era la única posibilidad de respuesta.

El Estado peruano tenía más de una opción. No opciones fáciles, no sin costos políticos. Pero no criminales. No bárbaras. No inmorales. No precisamente aquella que respondía terror con terror e igualaba a todos hacia abajo.

Pero no hay que caricaturizar. Faveron no justifica los crímenes del estado de Israel, los condena y los llama crímenes de guerra. Pero en su llamado que creo sincero por explicar por qué ocurren tantas desgracias y por qué no toda el mal está del lado judío, él y otros intelectuales de posiciones similares, abren la posibilidad para que otros más aviesos vulgaricen sus argumentos y armen justificaciones de crímenes que finalmente, serán propaganda y más tarde, mecanismos de impunidad y más tarde, antecedentes para nuevos ataques.

jueves, 15 de enero de 2009

Rechazo firmemente la palabra tortura...¡


Pero solo la palabra tortura. Llamémosle apremios, tormentos, suplicios, martirios, golpizas, maltratos, excesos. El lenguaje es amplio y sirve para todo tipo de malabar.

(y hay tantos buenos antecedentes, como el uso típico de "represalia" en lugar de "ataque" o "agresión")


Aplicar el famoso "submarino" o "la bañera" no es tortura porque eso sería ilegal. Aplicar "asfixia simulada" es perfectamente constitucional, porque así lo dicen expertos asesores de G. W Bush. Claro que las dos cosas son técnicamente lo mismo, o casi, vaya uno a saber las sutilezas de la crueldad legal.


Torturar es una violación grave de los derechos humanos y un crímen de lesa humanidad. Pero "obtener información clave" de detenidos mediante tecnicas controvertidas de interrogatorio es un acto de patriotismo, salva vidas, defiende la nación y brinda seguridad colectiva.


"Ablandar" dicen por aca los policías peruanos. "Apretar". "Pasarlos por la máquina". Muchos nombres para lo mismo, pero básicamente las mismas intenciones. En eso estamos todos globalizados hace tiempo.


Para encontrar despatarradas expresiones conchudas de tortura no hay que irse hasta Guantánamo o Afganistan. Es una práctica totalmente vigente en nuestra querida tierra desde hace unos cuantos siglos.


Pero para no retroceder hasta los años de la Inquisición (saltando unas centurias) retrocedamos solo unos días (más sencillo). Hace unas semanas la Defensoría del Pueblo anunció que en los últimos cinco años había recibido denuncias de por lo menos 500 casos de tortura. Human Rights Watch así lo ha señalado también hace solo un par de días en su reporte mundial.


Y tambien muy reciente. El caso de los campesinos de Majaz no es notable por su magnitud, sino por su inusitado registro fotográfico, a lo marines en Irak (todo sitio está finalmente en todas partes).


¿Qué otra cosa sino torturas sufrieron las decenas de miles de personas que fueron desaparecidas o ejecutadas durante el periodo de violencia política?


Decenas, quizá centenas de miles de peruanos torturados, muchos muertos, muchísimos vivos, caminan por allí, con sus cuerpos marcados con el signo del orden (y muchos, muchos torturadores también lo hacen).


¿Lo ven? Un país lleno de torturados en un continente lleno de torturados en un planeta repleto de torturados. La verdad, nada da para el escándalo, viéndolo de ese modo.


martes, 13 de enero de 2009

Hoy, otra vez, frente a la embajada de Israel


Solidaridad con Raúl Wiener


La persecución a Raúl Wiener es escandalosa. Ha sido incluido por la fiscalía en una investigación por presuntas actividades subversivas. Esto básicamente por haber ejercido el oficio de periodista y haber denunciado la persecución a un grupo de dirigentes de izquierda, que ha quedado además, totalmente comprobada.


Estamos frente a una violación evidente de derechos humanos: a la libertad de expresión, libertad de prensa, derecho al trabajo y una recatafila de derechos relacionados con las garantías judiciales.


La solidaridad en nuestro país se administra de modos curiosos. Parece basarse en valores y prejuicios que la regulan de modo silencioso. Es alimentada además, por instrumentos de comunicación que la legitiman ante la opinión pública. No todo ni todos son solidarizables.


Puede haber solidaridad (limitada pero hay) por las víctimas palestinas, pero casi ninguna con los campesinos torturados por la minera Majaz. Dos noticias que han corrido paralelas. Puede haber solidaridad por Magaly Medina y por Augusto Álvarez Rodrich, pero por Wiener, que se defienda solo.


Y eso que el caso de AAR, bien visto, era un asunto privado. Y el de Wiener uno de interés público. Pero eso no importa. Los mecanismos que dan permiso para la solidaridad discriminan lo relevante por otras razones. Wiener acumula tras de sí, como dice jocosamente Aldo Mariátegui, muchas etiquetas que le quitan valor de cambio en la repartición del apoyo colectivo: rojo, izquierdista no reciclado, radical, trostko, humalista, crítico de la CVR, libio, chavista, criticón y para su mala suerte, no es blanco, rubio, ni siquiera colorado, sino modestamente cholo.


Los periodistas, tan sensibles por lo común, no han dicho nada hasta ahora, salvo la hepática pero rescatable opinión de Mariátegui. ¿IPYS?, el gremio de periodistas, el Consejo de la Prensa, simplemente los colegas?


La estrategia del gobierno de contener a dirigentes sociales, ONG y periodistas a punta de juicios parece que va dando sus frutos. No es mala idea después de todo. Wiener es hoy uno más en esta lista. Pero no será con seguridad el último. Los que evitan pronunciarse hoy deberían pensar en eso.