viernes, 27 de marzo de 2009

No todo es símbolo. Sobre la muerte del señor Camana

"El rostro oculto". Juana Crespo
Me jode tanto.

- El desprecio por la vida del señor Camana que han mostrado los políticos, de los dos bandos, buscando sacar provecho de él con diferentes razones. No tienen disculpa.

- El olvido en el que estuvo por más de veinte años, como tantos otros ancianos que sufrieron durante la violencia y que se van muriendo sin haber recibido justicia, o reparación, o un reconocimiento mínimo o por lo menos un apoyo simbólico sincero y solidario. Y se seguirán muriendo frente a las narices de todo el mundo.

- La sociedad civil, acostumbrada a trabajar solo bajo los parámetros de sus proyectos y sin ser capaces de acercarse a las personas con sencillez y reconocer las necesidades más apremiantes, urgentes, de vida o muerte, y brindarles un consuelo aunque sea moral.

- La confusión de sentimientos ante su imagen, que ha simbolizado por varios años lo mejor del trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Y saber que -y no haber visto que- no todo son imágenes y memoria y cultura, sino que hay cosas sociales tan concretas como gente, medicinas, vejez, responsabilidad, permisos, familias.

Pensaba usar esa fotografía en una publicación, porque sentía que era apoyar lo que representa, y reivindicar ese tema y ese trabajo frente a tantos ataques. Pero todo esto lo estaba haciendo en automático, sin detenerme a pensar que las fotografías o cualquier otro ícono no son sólo símbolos de algo, sino que son fotos de alguien. De una persona que se detuvo un instante fugaz frente a la cámara, pero que siguió viviendo, fuera del foco de nuestra atención.

viernes, 13 de marzo de 2009

Plena primavera


Murió entre sus brazos, no sin mirarlo an-
tes profundamente. ¿Todo estaba perdido?
No. El día hacía ruido, ocupaba todo. De-
volvía lo perdido ayer, para siempre. Ya no
habían estrellas y hacía un calor de verano.

Lo muerto, muerto está. Hay que sem-
brar violetas alrededor de la tumba. Pronto
vendrá el hielo y un cadáver sin flores es
un fracaso.

Lo que miraba no existe más. Sólo un
fardo de seda y un rumor en la noche de
la carne.

La vida trabaja en la muerte con una
convicción admirable. ¡Qué ejércitos, qué
legiones, qué rebaños combatiendo y pas-
tando en ese campo de hielo y silencio!

Cada cual cobrará su pieza y las violetas
tendrán lo suyo: azul profundo de una mi-
rada definitivamente perdida. Y la tierra,
el rojo de la sangre detenida. Y el aire,
ahito de festín, el vuelo seguro de quien
sabe cerrar las puertas.


Blanca Varela
De Luz de Día, Lima, 2963

domingo, 8 de marzo de 2009

La creación del mundo y la caida del hombre - Primer día


Primer día

Al principio Dios creó el cielo y la tierra
Pudo empezar creando cualquier otra cosa
Como un murciélago
O una nube
O una estrella
Pero la tierra fue lo primero
Que se le vino a la mente

Y la tierra era algo informe y vacío
Y las tinieblas cubrían el abismo
Y el soplo de Dios aleteaba sobre las aguas
Explorando
Que era como explorarse y conocerse
A sí mismo

Entonces Dios dijo:
"Que exista la luz"
Y la luz existió
Dios vio que la luz era buena
Y separó la luz de las tinieblas

Y llamó Día a la luz
Y Noche a las tinieblas

Así hubo una tarde y una mañana:
Este fue el primer día

El segundo todo salió mucho peor


Herman Gracia

sábado, 7 de marzo de 2009

Melancolía

Un viento olvidado limpia sus lágrimas frías
en los cristales de las ventanas. Llueve.
Confusas tristezas llegan a mí; pero
el dolor
que siento, no lo siento en mí mismo
ni en el corazón
ni en el pecho
sino en las gotas de lluvia que caen
y el inmenso mundo, metido en mi ser,
con el otoño y con sus tardes
me duele como una herida.
Nubes cargadas pasan hacia los montes
y llueve.

Lucian Blaga (1895- 1961)
Breve antología de la poesía rumana.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Cuatro Poetas de Europa Oriental



El Fiasco de la creación

Aletas, piernas, élitros, tentáculos,
brazos, pinzas, cabezas a granel,
troncos humanos, perfectos o feos,
en inmenso caldero se revuelven.

De pronto el agua turbia del caldero
por una vara tosca es removida,
y en un latir feroz los corazones
desnudos con dolor se contorsionan.

El bodrio empieza a enfriarse muy despacio.
Y el hacedor ahora ya no sabe
qué hacer con él, su cara se oscurece

y ante la creación, fiasco inconfeso,
quiere huir a través del laberinto
de su espacialidad bizca y curvada.


Lázlo Kálnoky (Hungría)



Canción del fin del mundo


El día del fin del mundo
La abeja ronda sobre los geranios,
El pescador teje una red luminosa,
En el mar juegan los alegres delfines,
Los tiernos gorriones saltan en el alero
Y luce dorada la piel de la serpiente,
Como debe ser.

El día del fin del mundo
Las mujeres van por el campo bajo las sombrillas,
El ebrio dormita a la orilla del césped,
Los verduleros gritan en la calle,
Y una lancha de vela amarilla encalla en la isla.
El tono del violín vibra en el aire
Y entreabre la noche estrellada.

Y los que esperaban relámpagos y truenos,
Quedan decepcionados.
Y los que esperaban señales y trompetas del arcángel
No creen que ha llegado la hora.
Mientras el sol y la luna estén en el firmamento,
Mientras el abejorro hechice a la rosa,
Mientras nazcan los niños dichosos,
Nadie cree que ha llegado la hora.

Sólo el anciano de cabello blanco, que podría ser profeta
Pero que no lo es, porque tiene otro oficio,
Murmura al coser las ristras de tomates:
Ya no vendrá otro fin del mundo,
Ya no vendrá otro fin del mundo.

Czeslaw Milosz (Polonia)



Pessoa

Mirábamos los dos la acacia al otro lado de la calle.
Todas las mañanas ese era nuestro momento de intimidad.
Te dejaba en la mesilla de noche con los ojos clavados
en el mundo exterior.
Por la noche me esperabas junto a la puerta: practicabas con placer el mismo
ritual
que me tranquilizaba y me enternecía.
Te llamé Fernando Pessoa desde el primer día
cuando él te trajo a casa, era a fines de octubre,
hace ocho años: un ovillo negro alimentado por una pipeta.
Durante mucho tiempo no te tomé en serio
llenabas los pasillos de una pareja acosada.
En primavera quise dejarte en la tierra fresca,
te revolviste con tanta desesperación en mi jersey,
que el pavor de tu mirada me embargó,
como si aquel pedazo de suelo rodeado de cemento nos hubiese arrastrado
a los dos hasta la profundidad.
Los primeros años me iba sin que me importaras,
hasta que él me dijo que habías desaparecido.
Te pasaste una semana pegado a la copa de la acacia,
aún se ve la corteza arañada por tu abrazo.
Un niño se subió hasta donde estabas, te tiró de una pata
y te la rompió. El caso es que volvimos juntos a casa.
Te acariciaba sin cesar y tú ronroneabas empujándome la mano
con tu cabeza
y de pronto me clavaste la mirada
un rato muy largo. Con una luz que parecía venir de otro mundo.
Tu presencia se volvió indispensable para nosotros.
Tú nos acercaste de nuevo, nos limpiabas diariamente
el fango pegajoso de afuera.
En Navidad no compramos árbol. Pusimos unas ramas
adornadas con globos en la ventana. Cuando no viste
sus arco iris, cuando ya no saliste de la pila
de revistas y periódicos, volví a sentir pavor.
Cogí la vasija de conchas marinas traídas de Rodas
y la volqué a tu alrededor.
Te estuve vigilando hasta la Nochevieja.
Los fuegos artificiales dibujaban en el cielo
el perfil de la bomba de Hiroshima.
El estallido final te dejó el cuerpo un instante
flotando en el aire y a los ojos les dio un respiro para sumergirse
en la oscuridad.

Denisa Comanescu (Rumania)



El niño

Ese niño pasó sin intermedio
de recién nacido a recién muerto

su piel seca no parece
que sirva para mucho pero de todos modos

se la arrancan
y todos vemos que hasta el más insignificante de nosotros

tiene un uso en esta industria
de la muerte anónima y limpia

Se discute brevemente
en murmullos que estiran los labios resecos

¿habrá llegado a vivir un recuerdo?
¿habrá logrado crear un olvido?

O será sólo otro pellejo
cosido a una bota que marcha indetenible

Herman Gracia (Checoslovaquia)