miércoles, 4 de marzo de 2009

Cuatro Poetas de Europa Oriental



El Fiasco de la creación

Aletas, piernas, élitros, tentáculos,
brazos, pinzas, cabezas a granel,
troncos humanos, perfectos o feos,
en inmenso caldero se revuelven.

De pronto el agua turbia del caldero
por una vara tosca es removida,
y en un latir feroz los corazones
desnudos con dolor se contorsionan.

El bodrio empieza a enfriarse muy despacio.
Y el hacedor ahora ya no sabe
qué hacer con él, su cara se oscurece

y ante la creación, fiasco inconfeso,
quiere huir a través del laberinto
de su espacialidad bizca y curvada.


Lázlo Kálnoky (Hungría)



Canción del fin del mundo


El día del fin del mundo
La abeja ronda sobre los geranios,
El pescador teje una red luminosa,
En el mar juegan los alegres delfines,
Los tiernos gorriones saltan en el alero
Y luce dorada la piel de la serpiente,
Como debe ser.

El día del fin del mundo
Las mujeres van por el campo bajo las sombrillas,
El ebrio dormita a la orilla del césped,
Los verduleros gritan en la calle,
Y una lancha de vela amarilla encalla en la isla.
El tono del violín vibra en el aire
Y entreabre la noche estrellada.

Y los que esperaban relámpagos y truenos,
Quedan decepcionados.
Y los que esperaban señales y trompetas del arcángel
No creen que ha llegado la hora.
Mientras el sol y la luna estén en el firmamento,
Mientras el abejorro hechice a la rosa,
Mientras nazcan los niños dichosos,
Nadie cree que ha llegado la hora.

Sólo el anciano de cabello blanco, que podría ser profeta
Pero que no lo es, porque tiene otro oficio,
Murmura al coser las ristras de tomates:
Ya no vendrá otro fin del mundo,
Ya no vendrá otro fin del mundo.

Czeslaw Milosz (Polonia)



Pessoa

Mirábamos los dos la acacia al otro lado de la calle.
Todas las mañanas ese era nuestro momento de intimidad.
Te dejaba en la mesilla de noche con los ojos clavados
en el mundo exterior.
Por la noche me esperabas junto a la puerta: practicabas con placer el mismo
ritual
que me tranquilizaba y me enternecía.
Te llamé Fernando Pessoa desde el primer día
cuando él te trajo a casa, era a fines de octubre,
hace ocho años: un ovillo negro alimentado por una pipeta.
Durante mucho tiempo no te tomé en serio
llenabas los pasillos de una pareja acosada.
En primavera quise dejarte en la tierra fresca,
te revolviste con tanta desesperación en mi jersey,
que el pavor de tu mirada me embargó,
como si aquel pedazo de suelo rodeado de cemento nos hubiese arrastrado
a los dos hasta la profundidad.
Los primeros años me iba sin que me importaras,
hasta que él me dijo que habías desaparecido.
Te pasaste una semana pegado a la copa de la acacia,
aún se ve la corteza arañada por tu abrazo.
Un niño se subió hasta donde estabas, te tiró de una pata
y te la rompió. El caso es que volvimos juntos a casa.
Te acariciaba sin cesar y tú ronroneabas empujándome la mano
con tu cabeza
y de pronto me clavaste la mirada
un rato muy largo. Con una luz que parecía venir de otro mundo.
Tu presencia se volvió indispensable para nosotros.
Tú nos acercaste de nuevo, nos limpiabas diariamente
el fango pegajoso de afuera.
En Navidad no compramos árbol. Pusimos unas ramas
adornadas con globos en la ventana. Cuando no viste
sus arco iris, cuando ya no saliste de la pila
de revistas y periódicos, volví a sentir pavor.
Cogí la vasija de conchas marinas traídas de Rodas
y la volqué a tu alrededor.
Te estuve vigilando hasta la Nochevieja.
Los fuegos artificiales dibujaban en el cielo
el perfil de la bomba de Hiroshima.
El estallido final te dejó el cuerpo un instante
flotando en el aire y a los ojos les dio un respiro para sumergirse
en la oscuridad.

Denisa Comanescu (Rumania)



El niño

Ese niño pasó sin intermedio
de recién nacido a recién muerto

su piel seca no parece
que sirva para mucho pero de todos modos

se la arrancan
y todos vemos que hasta el más insignificante de nosotros

tiene un uso en esta industria
de la muerte anónima y limpia

Se discute brevemente
en murmullos que estiran los labios resecos

¿habrá llegado a vivir un recuerdo?
¿habrá logrado crear un olvido?

O será sólo otro pellejo
cosido a una bota que marcha indetenible

Herman Gracia (Checoslovaquia)

1 comentario:

  1. bellos poemas, todos tristes, reflejando mucha desesperanza. Por qué no pones algun poema de mi tierra, muchos poetas españoles de buena factura, ya veras. Martha.

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