miércoles, 1 de abril de 2009

Poesía rusa




EN EL FONDO DEL INFIERNO

A la memoria de A. Blok y N. Gumilev

Cada día más salvaje, más sorda,
se entorpece, lívida, la noche.
Un viento fétido apaga, como velas, las vidas.
Ni llamar, ni gritar, ni ayudar.
Oscura es la suerte del poeta ruso:
un destino impenetrable lleva a Pushkin
frente a la boca de una pistola;
a Dostoievsky, al cadalso.
Quizá yo correré la misma suerte,
mi amarga Rusia filicida,
y pereceré en el fondo de tus sótanos,
o me deslizaré en un charco de sangre.
Mas no abandonaré tu Calvario,
ni renunciaré a tus tumbas.
Deja que acaben conmigo el hambre y la malicia.
No escogeré otro destino:
si debo morir, moriré contigo,
y contigo me levantaré, como Lázaro del ataúd.

Maximilian Voloshin
De Caminos de Rusia, 1921


ORACIÓN

“Dame años amargos de enfermedad,
de insomnio y de fiebre.
Quítame a mi niño y a mi amigo
y el don misterioso de cantar”

Así Te ruego, mi Dios, ante el altar,
que después de tantos penosos días,
el nubarrón que cubre el cielo de mi Rusia
se cambie en nube clara y en rayos de luz.

Anna Ajmátova
De La bandada blanca, 1916-1922


EL COMPAÑERO

Tras el enemigo de nuevo caminamos
hacia el poniente cinco días, palmo a palmo.


El quinto día, bajo un fuego inclemente
cayó mi compañero, el rostro hacia el poniente.


Tal como avanzaba, así murió: corriendo.
Así cayó y así quedó en la nieve, yerto.


Abrió los brazos anchos como si quisiera
abarcar en ellos a la nación entera.


Como si él, que dio su vida en la pelea,
aún después de muerto su tierra protegiera.


Muchos días amargos la madre llorará.
La victoria no podrá devolvérselo ya.


Mas para él —que lo sepa la madre doliente—
fue más fácil morir con el rostro al poniente.

Konstantín Símonov
De La libreta del frente, 1942

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