viernes, 8 de mayo de 2009

Flores

Hace varios años, esperando mi bus en el cruce de las avenidas Javier Prado y Arenales, reparé en uno de los carteles que la Municipalidad de San Isidro coloca en sus calles para disimular espacios medio abandonados. La mayor parte tienen mensajes pueriles, fotos de flores, olivares, alabanzas huachafas hacia la mujer. Pero en este había un fragmento de poesía: 


Pienso en esa flor que se enciende en mi cuerpo. La
hermosa, la violenta flor


No había leído aún a Blanca Varela, no sé por qué. Y gracias a este cartel empecé. Busqué aquel poema. Ultimo poema de junio

Vi que me había impresionado por causas equivocadas. Lo que sentí al leer el fragmento en la calle me hizo pensar en la voluntad de lo frágil, su tenacidad, su violencia perfecta, contenida. Y me conmovió ese traspaso de roles que el poema imponía a la flor, a la mujer y a su cuerpo, que podía ser poderoso, incluso temible, pero bello, aún. Con una fuerza presta a encenderse. 

Entonces no lo sabía, pero quien diseñó aquel cartel había cortado un verso por la mitad, algo inusual:

Pienso en esa flor que se enciende en mi cuerpo. La
hermosa, la violenta flor del ridículo. Pétalo de carne
y hueso. ¿Pétalos? ¿Flores?
Preciosismobienvestido,
muertodehambre, vaderretro.

Se trata simplemente de heridas congénitas y
felizmente mortales.

(...)


Sí, dice otra cosa. Varela no quiso hacerme sentir lo que sentí esa noche en la calle. Eso lo logró aquel otro autor que decidió cortar el verso justo allí, antes de "del ridículo". ¿Por qué lo hizo? ¿Quién es ese autor desconocido, ese interventor, ese poeta de muro municipal? ¿Lo hizo por simple casualidad, por cansancio, porque le sonaba mejor así, por algún motivo ideológico? 

Varela, más bien, parece querernos transmitir su hartazgo por los recursos manidos, su malestar frente a lo superfluo y la relación con la mujer y la flor y todas las asociaciones ligeras y empobrecedoras que nacen de ella, en la poesía y fuera de ella, en la vida misma, sobre todo esa vida misma que es la cotidiana y más corriente y por lo mismo, la estable.   

Mi opinión: me gustan ambas versiones (curiosa versión que es igual a la original, menos un fragmento...). 

Muchos años después mi hermano, el efra, hizo un micro video para la feria del libro del cono norte, en homenaje a Varela. Le conté la anécdota, lo que significó para mí, y cómo podía ser un buen elemento para contar cómo un transeúnte cualquiera puede descubrir una poeta esperando su combi. Y que la ciudad puede contener fragmentos de belleza aún en lo burocrático, en lo más común y familiar. Algo de esto uso para su video.  




Para terminar con el tema de las flores, comparto algunos poemas que hablan de ellas, sobre todo de las rosas, la flor más flor que pueda haber. Son siete poemas que van de la celebración, el juego y la identificación (Corcuera, Storni), pasan por la contemplación perfecta (Enamoto Kikaku), por dos epitafios (Gelman, Brull) y terminan con la destrucción de la rosa como figura típica poética, brutalmente (Blake) y con burla (Varela), en un poema, a rose is a rose que claramente, tiene mucho que ver con aquel que ha dado origen a esta cháchara.       


Sueño y fábula de la mariposa

Flor huída,
pesadilla de la rosa
imaginándose perseguida.
El estambre se aroma y se colora
cuando sobre el se posa.
Colora voladora,
mariposa.

Arturo Corcuera


Soy esa flor

Tu vida es un gran río, va caudalosamente,
a su orilla, invisible, yo broto dulcemente.
Soy esa flor perdida entre juncos y achiras
que piadoso alimentas, pero acaso ni miras.

Cuando creces me arrastras y me muero en tu seno,
cuando secas me muero poco a poco en el cieno;
pero de nuevo vuelvo a brotar dulcemente
cuando en los días bellos vas caudalosamente.

Soy esa flor perdida que brota en tus riberas
humilde y silenciosa todas las primaveras.

Alfonsina Storni


Haiku

El niño ciego,
guiado por su madre,
frente al cerezo en flor.

Enamoto Kikaku
(Versión de Octavio Paz)


Epitafio

Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.

Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.
¡Digo que el hombre debe serlo!
(Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín).

Juan Gelman



Epitafio a la rosa

Rompo una rosa y no te encuentro.
Al viento, así, columnas deshojadas,
palacio de la rosa en ruinas.
Ahora -rosa imposible- empiezas:
por agujas de aire entretejida
al mar de la delicia intacta,
donde todas las rosas
-antes que rosas-
belleza son sin cárcel de belleza.

Mariano Brull



La rosa enferma

¡Oh rosa, estás enferma!
El gusano invisible
que vuela en la noche,
en la tormenta aullante,

Ha encontrado tu lecho
de alegría carmesí,
y su secreto amor oscuro
destruye tu vida.

William Blake
(Versión de Homero Aridjis)


A rose is a rose

inmóvil devora luz
se abre obscenamente roja
es la detestable perfección
de lo efímero
infesta la poesía
con su arcaico perfume

Blanca Varela


jueves, 7 de mayo de 2009

La cumparsita

Hace dos noches se inauguró la Semana del Arte de Lima, un festival que ojalá tomé más vuelo y se abra a más posibilidades, pues bajo el formato actual aparece un poco chapado a la antigua, como amarrado a una visión del arte refinado que no está mal, pero que deja de lado la posibilidad de enganchar con expresiones populares que también son arte y mucho, y a veces mejor que el de las galerías (por ejemplo llama la atención que paralelamente a este festival se esté desarrollando el FITECA en Comas). 

Ya se verá en el futuro. En la inauguración se presentó un conjunto argentino que interpretó tangos y milongas modernos, donde primó Astor Piazzolla. Estuvieron muy bien. Pero más bacán fue que el respetable público peruano no se cansó de pedir a gritos durante todo el concierto que tocaran "La cumparsita". Algo así como chévere tu tangito raro y sus finales desafinados y locos, pero a mi me tocas mi cumparsita o si no no es recital de tango ni es argentina ni es gardel ni es nada. Puro floro musical.  

Quedan claras algunas cosas. Que el peruano de a pie (por lo menos el que transita por la plaza de armas)  sabe su tango. Que le gusta y reconoce La cumparsita y El Choclo y Por una cabeza y Uno y varios de los clásicos. Que los músicos argentinos deben estar hartos de que les pidan la misma jodida cumparsita siempre, pues los de anoche se resistieron hasta el final y sólo cedieron a tocar "un cachito" de cumparsa como introducción al "libertango" de Piazzolla. Y que justamente, al genio platense la cumparsita le parecía el peor de todos los tangos. Ni modo. 

Aca una versión cantada por Tito Schipa, uno de los tenores más grandes del siglo XX cantando una de las canciones populares más grandes del siglo XX. A mi me gusta un huevo. 


martes, 5 de mayo de 2009

Evolución

Francis Bacon, autoretrato

1

Te extinguiste

Ninguno de tus trucos impidió
Que expusieran tu interior como a un cerdo de feria
Tu viejo idioma sonó peligroso
Alejó para siempre cualquier posibilidad de entendimiento
Y por miedo a tu magia
Cosieron tus labios a tu cuello
Y cortaron tu cabeza
Tu mueca rogando
Repitió al último hombre mono antes de ser destripado
Por los nuevos hombres

Te extinguiste
Una cáscara tuya flota en algún sueño
Quizá prolongue en los colores tu agonía



H. Gracia