domingo, 12 de julio de 2009

kkk



Las uñas

Estas uñas terminarán por enloquecerme.
Las corto y vuelven a crecer —especialmente ahora
en primavera no se soportan—
Dicen: uñas largas, viajes largos.
No quiero viajes. Quiero saber
dónde me encuentro ahora.

Crecen continuamente, llenan la habitación
se aprietan en las puertas, me molestan para comer
en el toilette, en la calle.
Pero lo más importante es que no puedo
abrazarte. Apenas voy a tocarte
se enroscan en tu cuerpo y te hacen sangrar.

Las pongo en los bolsillos
desgarran el pantalón
vuelven a aparecer.

Ahora me dirán: ¿El mundo se derrumba
y nosotros hablamos de uñas?

Aquí están otra vez, crecen como las noches.
Pienso cortar mis manos para quedarme tranquilo.

Pero seguro que crecerán en mi espalda —hallarán una salida-
Lo más importante sin embargo es que no puedo abrazarte.

Yanis Kondós



La ciudad

Dijiste: "Iré a otra tierra, iré a otro mar.
Debe existir una ciudad mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es aquí una condena,
y mi corazón —como un muerto— está sepultado.
¿Hasta cuándo mi espíritu permanecerá en este marasmo?
Donde vuelvo mis ojos, donde miro
veo las negras ruinas de mi vida, aquí
donde tantos años pasé y arruiné y perdí".

No hallarás sitios nuevos, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Darás vuelta por las mismas
calles. Envejecerás en los mismos barrios,
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otra parte —no lo esperesno
hay barco para ti, no hay camino.
Al arruinar tu vida aquí, en este pequeño rincón,
en toda la tierra la arruinaste.

Constantino Kavafis



Posteridad

La naturaleza infinita necesita nuestra muerte
y la piden las bocas purpúreas de las flores.
Si vuelve la primavera, otra vez nos dejará,
y después ya no seremos ni sombras de las sombras.

La brillante luz del sol espera nuestra muerte.
Todavía veremos un crepúsculo triunfal
y después abandonaremos las noches de abril
para marcharnos a los reinos oscuros del más allá.

Acaso queden detrás nuestro los versos,
diez versos solamente acaso queden,
como las palomas que sueltan los náufragos al acaso
y dejan su mensaje cuando ya es tarde.

Kostas Karyotakis


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