Hace varios años, esperando mi bus en el cruce de las avenidas Javier Prado y Arenales, reparé en uno de los carteles que la Municipalidad de San Isidro coloca en sus calles para disimular espacios medio abandonados. La mayor parte tienen mensajes pueriles, fotos de flores, olivares, alabanzas huachafas hacia la mujer. Pero en este había un fragmento de poesía:
Pienso en esa flor que se enciende en mi cuerpo. Lahermosa, la violenta flor
No había leído aún a Blanca Varela, no sé por qué. Y gracias a este cartel empecé. Busqué aquel poema. Ultimo poema de junio.
Vi que me había impresionado por causas equivocadas. Lo que sentí al leer el fragmento en la calle me hizo pensar en la voluntad de lo frágil, su tenacidad, su violencia perfecta, contenida. Y me conmovió ese traspaso de roles que el poema imponía a la flor, a la mujer y a su cuerpo, que podía ser poderoso, incluso temible, pero bello, aún. Con una fuerza presta a encenderse.
Entonces no lo sabía, pero quien diseñó aquel cartel había cortado un verso por la mitad, algo inusual:
Pienso en esa flor que se enciende en mi cuerpo. La
hermosa, la violenta flor del ridículo. Pétalo de carne
y hueso. ¿Pétalos? ¿Flores?
Preciosismobienvestido,
muertodehambre, vaderretro.
Se trata simplemente de heridas congénitas y
felizmente mortales.
(...)
Sí, dice otra cosa. Varela no quiso hacerme sentir lo que sentí esa noche en la calle. Eso lo logró aquel otro autor que decidió cortar el verso justo allí, antes de "del ridículo". ¿Por qué lo hizo? ¿Quién es ese autor desconocido, ese interventor, ese poeta de muro municipal? ¿Lo hizo por simple casualidad, por cansancio, porque le sonaba mejor así, por algún motivo ideológico?
Varela, más bien, parece querernos transmitir su hartazgo por los recursos manidos, su malestar frente a lo superfluo y la relación con la mujer y la flor y todas las asociaciones ligeras y empobrecedoras que nacen de ella, en la poesía y fuera de ella, en la vida misma, sobre todo esa vida misma que es la cotidiana y más corriente y por lo mismo, la estable.
Mi opinión: me gustan ambas versiones (curiosa versión que es igual a la original, menos un fragmento...).
Muchos años después mi hermano, el efra, hizo un micro video para la feria del libro del cono norte, en homenaje a Varela. Le conté la anécdota, lo que significó para mí, y cómo podía ser un buen elemento para contar cómo un transeúnte cualquiera puede descubrir una poeta esperando su combi. Y que la ciudad puede contener fragmentos de belleza aún en lo burocrático, en lo más común y familiar. Algo de esto uso para su video.
Para terminar con el tema de las flores, comparto algunos poemas que hablan de ellas, sobre todo de las rosas, la flor más flor que pueda haber. Son siete poemas que van de la celebración, el juego y la identificación (Corcuera, Storni), pasan por la contemplación perfecta (Enamoto Kikaku), por dos epitafios (Gelman, Brull) y terminan con la destrucción de la rosa como figura típica poética, brutalmente (Blake) y con burla (Varela), en un poema, a rose is a rose que claramente, tiene mucho que ver con aquel que ha dado origen a esta cháchara.
Sueño y fábula de la mariposa
Flor huída,
pesadilla de la rosa
imaginándose perseguida.
El estambre se aroma y se colora
cuando sobre el se posa.
Colora voladora,
mariposa.
Arturo Corcuera
Soy esa flor
Tu vida es un gran río, va caudalosamente,
a su orilla, invisible, yo broto dulcemente.
Soy esa flor perdida entre juncos y achiras
que piadoso alimentas, pero acaso ni miras.
Cuando creces me arrastras y me muero en tu seno,
cuando secas me muero poco a poco en el cieno;
pero de nuevo vuelvo a brotar dulcemente
cuando en los días bellos vas caudalosamente.
Soy esa flor perdida que brota en tus riberas
humilde y silenciosa todas las primaveras.
Alfonsina Storni
Haiku
El niño ciego,
guiado por su madre,
frente al cerezo en flor.
Enamoto Kikaku
(Versión de Octavio Paz)
Epitafio
Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.
Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.
¡Digo que el hombre debe serlo!
(Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín).
Juan Gelman
Epitafio a la rosa
Rompo una rosa y no te encuentro.
Al viento, así, columnas deshojadas,
palacio de la rosa en ruinas.
Ahora -rosa imposible- empiezas:
por agujas de aire entretejida
al mar de la delicia intacta,
donde todas las rosas
-antes que rosas-
belleza son sin cárcel de belleza.
Mariano Brull
La rosa enferma
¡Oh rosa, estás enferma!
El gusano invisible
que vuela en la noche,
en la tormenta aullante,
Ha encontrado tu lecho
de alegría carmesí,
y su secreto amor oscuro
destruye tu vida.
William Blake
(Versión de Homero Aridjis)
A rose is a rose
inmóvil devora luz
se abre obscenamente roja
es la detestable perfección
de lo efímero
infesta la poesía
con su arcaico perfume
Blanca Varela