sábado, 30 de julio de 2011

lugares comunes



7

No comprendo cómo no puede gustarles Harry Potter a mis colegas. Película para niños, cinta comercial, te tienen enganchado y tú seguirás comprando como bobo hasta el capítulo 20. Dicen cosas así. Y es cierto. Si produjeran cien capítulos más iría a todos y compraría canchita y gaseosa y sería feliz en mi asiento por unas horas en ese mundo alterno, donde hay motivos, vuelos, animales maravillosos, prodigios y amigos.

Recuerdo que al terminar la primera película tenía la sensación de no querer salir del cine, suspender todo el tiempo que pudiera mi regreso a las calles de Lima. No me siento mal con eso de ser víctima del mercado. El consumo no es un pecado. Es una pena que las sagas del cine terminen. Las historias buenas no deberían terminar nunca.


(Viñeta de Zapa, http://homodefectus.com/)







miércoles, 20 de julio de 2011

lugares comunes



5

Corro con la bicicleta todo lo que puedo. Sé que no soy bueno para las maniobras finas, para dar vueltas, para pasar despacio por veredas estrechas o entre los automóviles. Me pongo tenso cuando vienen bicicletas en contrario o cuando va mucha gente delante. Soy torpe y no hay paseo en que no me golpee de alguna forma. Pero cruzo las grandes avenidas, las peligrosas, con cierto frenesí. Me insultan los choferes, pero hasta ahora sólo una vez me han atropellado. El taxista estaba nervioso y yo tuve que calmarlo. Me subí a la bicicleta y regresé a casa. Me bañé y limpie las heridas. Puede parecer que busco sentir la adrenalina, pero no. Es un frenesí mudo. Cuando cruzo a carrera es como si más bien suspendiera todas mis emociones.  


6

Bromeaba hoy con unos amigos. Les decía que la vida estaba en las calles, no en el Facebook o el twitter. Que esos eran remedos de barrios o de plazas. Y que se perdían a la gente real por intercambiar mensajes y fragmentos de intimidad con avatares y sombras de personas, todas jugando con sus egos y mendigando reconocimiento. Llegué a casa y leí la prensa por internet, pasando de una noticia a otra, como un autómata, por inercia. Una nota remitía a la muerte de un poeta rumano. Busqué en Wikipedia. Que me llevó a un artículo, que me llevó a una antología traducida al español. El último poema decía que el dolor que siento lo siento en la lluvia. Lo puse en mi Facebook.


(Fotografía de un esténcil de las Bicicletas de Rosario). 



domingo, 10 de julio de 2011

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3

Tengo una mala relación con este doctor. Me ha reducido la dosis de los ansiolíticos y ha previsto que en unos tres meses deje de tomarlos por completo. Desde luego, no pienso reducir nada. Cambiaré de doctor y al nuevo le diré que soy nuevo y que me parece que necesito ansiolíticos. Los doctores conocen las cosas sólo superficialmente. Antes de tomar esta dosis no podía dormir bien jamás, y despertaba como un vegetal sin raíz. Ahora duermo y tengo pesadillas. Pero duermo. Y aunque me sigo despertando la mitad de las veces como un fósil, es un cincuenta por ciento de vida ganada. Es negocio.

4

Hoy dormí hasta las 12 de la mañana. Me desperté sintiéndome culpable. Todo el día perdido, toda la mañana, miles de cosas que se pudieron hacer. Quise de inmediato recuperarme y hacer algo nuevo, creativo, algo que pagara todas esas horas de un solo golpe genial. Pero el cansancio no es físico, está en los huesos y los ojos, en la forma que toman las ideas, fofas, sin brío, incapaces de durar un minuto. Quise pasar a algo más sencillo y práctico y lavar mi ropa. Pero tampoco lo logré. Pensé que todavía podía lavarla mañana. Cogí un libro como última chance. Me quedé dormido hasta las 7 de la noche. Desperté con sueño.




viernes, 1 de julio de 2011

lugares comunes



1

Hay mañanas que despierto sin fuerzas. En realidad, es muy corriente. Sé de inmediato que es un día perdido. No importa qué pase luego, si el día parece mejorar, si sale el sol, si llegan amigos y me distraigo y me olvido y como que el día va pasando. Apenas puedo, busco en mis recuerdos, escucho música triste, camino solo, cosas así. Pero no dejo que el día pierda su esencia. Me saboteo dicen los terapeutas. Lo que no entienden es que no lo hago exactamente yo. Simplemente ocurre, y viene desde los huesos. Contra los huesos poco hay que pueda hacerse.   


2

Escuchar música con fuerte volumen, cantar, me hace mucho bien. Es como salirme de mí. Siento energía de colores corriendo, saltando, girando. Para mí, que siempre estoy sin fuerzas, es como una droga y quiero más. Pero mi casa es pequeña y mi canto sumamente imperfecto. Mis hermanos me mandan callar, agobiados por el ruido. En el trabajo siempre procuré construirme un rol de excéntrico para que me permitieran algunas libertades, como cantar. Pero no puede durar, se acaba por alterar a los colegas que te miran mal. Ahora estoy caminando mucho con el mp3, buscando calles solitarias o parques para cantar por Lima, casi a escondidas, como si fuera un delito. Cuando se me cruza alguien, me callo. Este pudor no lo puedo dejar. Pero es algo.