viernes, 1 de julio de 2011

lugares comunes



1

Hay mañanas que despierto sin fuerzas. En realidad, es muy corriente. Sé de inmediato que es un día perdido. No importa qué pase luego, si el día parece mejorar, si sale el sol, si llegan amigos y me distraigo y me olvido y como que el día va pasando. Apenas puedo, busco en mis recuerdos, escucho música triste, camino solo, cosas así. Pero no dejo que el día pierda su esencia. Me saboteo dicen los terapeutas. Lo que no entienden es que no lo hago exactamente yo. Simplemente ocurre, y viene desde los huesos. Contra los huesos poco hay que pueda hacerse.   


2

Escuchar música con fuerte volumen, cantar, me hace mucho bien. Es como salirme de mí. Siento energía de colores corriendo, saltando, girando. Para mí, que siempre estoy sin fuerzas, es como una droga y quiero más. Pero mi casa es pequeña y mi canto sumamente imperfecto. Mis hermanos me mandan callar, agobiados por el ruido. En el trabajo siempre procuré construirme un rol de excéntrico para que me permitieran algunas libertades, como cantar. Pero no puede durar, se acaba por alterar a los colegas que te miran mal. Ahora estoy caminando mucho con el mp3, buscando calles solitarias o parques para cantar por Lima, casi a escondidas, como si fuera un delito. Cuando se me cruza alguien, me callo. Este pudor no lo puedo dejar. Pero es algo.








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