jueves, 11 de agosto de 2011

lugares comunes



16

Hoy tuve una de las formas más tontas de trastorno de sueño. Puse el despertador a las 8 de la mañana, abrí un libro sobre la historia de la droga, aburrido a propósito, me dormí en algún momento, debe haber sido pronto. Sonó el despertador y lo apagué. Volvió a sonar el despertador y lo volví a apagar. Sucedió nuevamente y lo tiré contra el piso, faltaba tanto para sentir el descanso reparador. Pero volvió a sonar y entonces abrí los ojos y lo busqué en el piso, iracundo.

Timbraba su alegre salsa de Oscar de León desde mi celular, en mi mesa de noche, puntual a las 8.


17

El cumpleaños de una amiga, en un bar con antigua rockola del Centro de Lima, al que no regresaba hacía un par de años. Todo igual, con el extra de las cucarachas pequeñitas cayendo sobre las mesas y la ausencia de un ventilador, muy útil antes, cuando fumábamos en el altillo. Luego de un rato los diferentes grupos que acompañan a la festejada, se deciden por ir a bailar al Directorio, local siempre llenísimo, pero con buena música.

Ya en el baile, una chica se acerca a mi grupo y grita, desde muy cerca “¡ya, para la chancha!”. Nos miramos un poco sorprendidos, pero gritó con más autoridad “no se hagan los locos, para la chancha”, y me dio unas palmaditas en el rostro diciéndome algo que sonó como “papi rápido”. Le dimos unas monedas, entre fastidiados y divertidos. Luego regresó con las cervezas y siguió con su baile borrachoso.

Me dicen al oído: ella es la ex enamorada de fulano de tal. Un amigo muy querido, gentil y delicado. La vuelvo a mirar, abrazada a un tipo barbudo, desparramada entre seguir bebiendo y seguir moviéndose sin parar de chillar.

Por una noche ya es suficiente y los más viejos salimos a comer anticuchos. Caminamos un poco, madrugada con leve garúa, piso resbaloso de la Plaza. Las causas de la razón no las entiende el corazón, parece cierto. Pero y las de la estética tampoco. Tampoco las de la vergüenza ajena, el decoro, la fidelidad, o las del mercado (eso lo sé bien, y no me quejo). El corazón no sabe de ninguna causa. Es un mamarracho. Un anticucho de 3 soles, pero con su papa más.   





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