miércoles, 17 de agosto de 2011

lugares comunes




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Un entusiasta reparte volantes por el octavo aniversario de la entrega del informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Y otra vez este verso: “El olvido está lleno de memoria”, en letras rojas sobre papel cuche.

Pero la memoria es una antología de silencios, secretos, tabús, verdades a medias y versiones funcionales. Por lo tanto el olvido está lleno de olvido (un gran simulacro, reconoce con menos candor que sus seguidores, el propio Benedetti).

Es un verso sugerente, pero fuera del poema, usado como slogan de activistas, se aligera y fastidia por su ingenuidad.

Para no compararlo con los procesos complejos de recuerdo y micro política de la gente en sus comunidades, barrios o cárceles, lo cual sería seguramente injusto, para no salir de la poesía, qué lejos se siente este verso combativo, del duro yermo de Unamuno (“Me destierro a la memoria, /voy a vivir del recuerdo./ Buscadme si me os pierdo/en el yermo de la historia”) o del escepticismo de Borges ante los bienes, que son al final como sueños (“Esas miserias son los bienes/que el precipitado tiempo nos deja. / Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, /ese montón de espejos rotos”).

Ninguno de los dos trata a la memoria como un antídoto saludable, pero tampoco la maldicen retóricamente.

Sin embargo, el destino de las cosas, los efectos que generan, escapa a cualquier previsión, incluido los efectos de este verso, devenido en arma de combate en las “batallas por la memoria” de los intelectuales y defensores de derechos en América.

Ha rescatado para muchos el bello y breve poema del uruguayo Courtoise (“Un día, todos los elefantes se reunirán para olvidar. / Todos, menos uno”.), que pocos conocerían de no haber sido mencionado por su compatriota.

O quizá lo más inquietante. Cómo ha pasado a otra dimensión (a 3 dimensiones), con la lista de nombres de desaparecidos inscrita en piedra en Villa Grimaldi, haciendo de una imagen poética, una imagen.           

Al final, las tautologías también generan realidades en este mercado de buenas intenciones y carencias, de activistas y escépticos, de poesía y pequeña política. 




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