miércoles, 7 de septiembre de 2011

lugares comunes



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Los psicólogos (y similares) llevan largos años trabajando sobre los efectos de la guerra interna. Han llegado con sus prácticas, elaboraciones, talleres, cuestionarios, dibujos, test, grupos de ayuda mutua, espacios de memoria o consultas, a los barrios, las comunidades, las organizaciones de afectados. Muchas instituciones pasaron de un supuesto enfoque clínico a uno comunitario sin haber aplicado a fondo ni lo uno ni lo otro. Pero han adornado los archivos de libros elegantes.

La gente no ha dejado de pedir ayuda. Porque las pesadillas continúan, y el dolor de cabeza y de útero, y los insomnios y la angustia, la sensación de sufrir daño, de tener el cuerpo podrido y la mente loca, los descensos de colores y los tumores que sienten como señales de sus males en la cabeza. Pero muchos, si se les recomienda que vayan a una ONG especializada, se espantan.

Tantos clichés, tantos trabajos superficiales, tantas intervenciones sin control. Debería existir un ISO para los trabajos de derechos, especialmente para los que tienen que ver con algo tan profundo como el alma y la mente. Hoy los pueblos están regados de “pacientes” que un día fueron, antiguos beneficiarios de proyectos ahora abandonados por la ciencia, pero que aprendieron el idioma de los traumados del mundo.


Viñeta en The Rut


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