jueves, 15 de septiembre de 2011

lugares comunes




27

Cómo puedo vencer este sueño que se come mis días, que se los mastica, los acaba. Duermo tanto, y cuando no duermo, estoy apenas medio activo, deshuesado. Con ganas de escaparme para ir a dormir.

Quiero sentir completamente, sentirlas bien, respirar hondo las cosas corrientes, caminar por las calles húmedas, comprar pan, sacar al perro, correr por el parque, trabajar, ver a los amigos, ir al cine, leer. Y lo hago. Todo. Quién lo diría. Pero es como si cada día fuera un milagro endeble, como un espejismo. Con mucha frecuencia solamente duermo. Y me siento culpable porque cómo retroceder luego.

Esta semana he roto todos mis records y un par de días no salí de casa (todo lo que podría producir de ser normal, me dice mi yo castigador, y es una angustia escucharlo, así que un yo que defiende bien, como un líbero certero, un Beckenbauer mental, lo mantienen a raya).

Pero como si fuera alguien más que me dirige sin darme cuenta, también he ido a varias reuniones, a una embajada, he moderado un par de eventos, he escrito un poco de todo, he visto una bella película de Tornatore, he conocido a un nuevo cantante. Así son las cosas, incoherentes pero ciertas. Porque ahora estoy despierto y escribo. Pero pronto dormiré y no sé hasta cuándo.

Porque dormir no es un placer, es un estado del yo. Un estado de miedo al tiempo que corre. Que sobre todo, al correr no me incluye. O me incluye como un ciudadano de segunda categoría.   

Leo lo que acabo de escribir y me siento avergonzado. Me pregunto qué quiero generar, pena, empatía, que me regalen un colchón paraíso. ¿Sonaré como esos dandis de inicios del siglo XX, que se desmoronaban en melancolías huachafas y se esforzaban por sonar decadentes y abúlicos porque era el modo de ser intelectual?

Como sea y como suene, el sueño no me da, viene conmigo, endémico, maldito.

Malditas buenas noches.   



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