jueves, 22 de septiembre de 2011

lugares comunes

Acuarela de Lizette Insunza "Sola frente al mar".



30

Ella caminó por la playa. Serían las 12 de la noche. Pensó que sus hijos iban a esperarla en vano para cenar salchipapas de a sol cincuenta y discutir de política antes de dormir, como era costumbre. Le hubiera gustado avisarles que no llegaría, pero cómo.

Miro hacia abajo, vio la arena, la espuma que llegaba y se iba, sus pies. Sintió los disparos, los tres en la espalda, como las palmadas de un amigo que se ha esperado mucho.

Se tendió junto al mar, respirando fuerte, pensando en su mamá y en cuánto la extrañaba, con sus canciones y sus remedios de hierbas, respirando aún, mal, mal, una pantomima de respirar. Y en sus hijos. Y la angustia súbita.

Y por primera vez ver la sangre corriendo hacia el océano, abandonándola. Desaguándola. Acabándola. Respiro más. Más. Como sea. Respiró apenas.

“Los crié para esto”. Como si alguien le hubiera soplado el pensamiento en la oreja, bajito. “Ellos comprenden”. Y entonces de nuevo la calma. Y ver que su sangre no la abandonaba, que el océano la acogía sereno, para ser en la mirada de sus descendientes.

Y no cerró los ojos para verlos también. Y por fin, no respiró más.


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