sábado, 19 de noviembre de 2011

lugares comunes


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Lo peor de estos sueños es su realismo. Si por lo menos hubiera un letrero, como en los dibujos animados: fin del sueño, pasando esta raya, es la vigilia marca ACME.

Ella me habla de cosas cotidianas. Me sonríe, se peina, toma su nescafé. A veces se molesta porque me ve muy relajado, muy señorito, sus ojos marrones brillando, pidiéndome más garra, estar a la altura de los tiempos. Un poco más de compromiso de clase pes chibolo. Pero muchas veces sólo se relaja. Y hablamos de tonteras, de cosas de familia, de canciones viejas, de Serrat, y de planes para cuando la revolución triunfe, realmente no sé qué vas a hacer tú que eres un vago entonces, seré un reaccionario, ni para eso sirves así sin plata, seré un reaccionario de nuevo tipo, los reaccionarios no aceptan cualquier cosa, tu manchita bolchevique si acepta a cualquier huevón ah, me consta, pásame la mantequilla malcriado, ten, gracias, en vez de estudiar historia y cojudeces ya deberías cambiarte a estadística, ¿y si mejor hablamos de las últimas canciones de Perales?, estadísticos, ingenieros, eso vamos a necesitar en el futuro, no poetas, puedo ser cantante, me sé varias bien guerreras, a tu papá habrás salido carajo, igual de inmaduro, grande por las huevas, grande por las huevas, sí, no eras tú la que cantaba en minifalda en la peña Ferrando, calla, eso era cuando era revisionista, ya pásame otro pan, tu pasado te condena, eres un chibolo necio, a ver, cantante un valsesito, a ver.

Y reímos, comiendo pan con margarina a la que llamamos mantequilla.         

Y cada cosa está en su lugar. El tiempo diez años atrás. Y nadie lo sabe. Ni ella ni yo. Sólo vivimos. La realidad en mi cabeza, verdaderamente real.

Me despierto a mitad de alguna conversación banal, sobre la mantequilla, sobre el precio del arroz, sobre un libro, sobre algún futuro plan. Que la conversación no pueda continuar, es absurdo.

Por eso hablo solo. Por eso. Pero sólo parece.  Parece.

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