martes, 13 de diciembre de 2011


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“Esos parecen dos muñecos de trapo, de esos que son para quemar en año nuevo, ¿no tío”. Por sobre mi hombro, una inquieta sobrina fisgonea la maltratada imagen de Luis Pardo y Celedonio Gamarra. Apoyados en barandas de fierro, rodeados por sus captores, los cadáveres siguen allí, en la fría foto, despatarrados, exhibidos en la plaza de armas de Chiquian, hoy mismo, 5 de enero de 1909, eternizados en su escarnio de papel cuché.

Publicada en El Comercio 29.1.1909. Este fragmento tomado de este sitio  


Chiquian, espejito de cielo, dicen sus paisanos. En el lugar donde los bandoleros dieron su última batalla, hay un gran letrero “PTE. LUIS PARDO, CARGA MÁXIMA 36 TN” y las barandas del puente son gruesas y amarillas y están algo cochinas. Cuando se pasa con los buses interprovinciales, no se lee nada porque está muy alto y se cruza rápido.

Los bandoleros fueron rodeados en una cueva, un lugar sin salida, por un invencible contingente de gendarmes venidos desde Lima, la lejana y temible capital. No tenían ninguna esperanza. Cuando pienso en ese instante de decisión: salimos o no salimos, no lo puedo evitar, veo a Robert Redford y Paul Newman, a los derrotados y fatales Butch Cassidy y the Sundance Kid. Así, gringos, recuerdo falsamente a los chiquianos corriendo contra las balas y hacia la muerte.


Vuelvo a mirar la foto. No es como ver fantasmas. La foto parece no poseer más que una dimensión, la del presente repetido, ciego, crudo.

Si mamita, son muñecos para el fin de año, pero sabes, tienen su historia. Y le canto un pedacito de “La andarita”. ¿Te gusta? No me hace caso. Le canto otro pedacito, no me sé bien la letra y eso la divierte. Me mira cachacienta. Ya no está interesada. Está pintando en su cuaderno grande, con plumones. Esa es música para viejos tío. Este año muchísimo más lindo es que quememos un Goku. Y sigue dibujando ya olvidada por completo de mí y mi valse de 100 años de antigüedad.

Un Goku. Por qué no. Algo así quemaremos en casa si nos animamos. Hace tiempo que estamos ecológicos pero quién sabe. Pero no ataremos a los muñecos a nada. No serán exhibidos así. Sólo arderán libres, con alegría, echando chispas, brillando, iluminando un nuevo año repetido. Y tomaremos fotos. 


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