jueves, 1 de marzo de 2012



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Esta noche me fui al cine solo. No es que no lo haya hecho muchas veces antes, pero sobre todo ha sido en cine clubes. No fue bueno mi malo, fue algo raro. Quizá el error fue ir al festivo cine de citas del Centro Comercial Risso. Pero sobre todo, comprar canchita y coca cola. Si compras el combo dos, entonces sí, parece que está pasando algo a medias. La canchita está pensada para compartir.

La cajera ya había empezado mal. “¿Una entrada?”, remarcó algo desconcertada. Pero no hice caso. Subí, hice cola, compré, me senté en un buen lugar, miré, me conmoví, como siempre intenté recordar el nombre de las canciones que me gustaron, por fin, salí.

La avenida Arenales a media noche. Hice un gran esfuerzo de voluntad para superar mi timidez y regalarle la canchita que casi no comí a una señora que pedía dinero en la acera. Regresé a casa, saqué a mi perra, la vi correr por el parque. Volví a casa. Vi como entrevistaban en la tele a un viejo amigo al que frecuento ahora poco y sentí orgullo. Lo extrañé. Le escribí un mensaje felicitándolo. Me llamó. No contesté porque vencer dos veces la timidez en tan poco tiempo ya era demasiado. Y más aún por el teléfono. Ese instrumento temible.

Luego prendí la tele y vi el final de otra película, que siempre agarro empezada. Sus canciones, tan buenas, me motivaron a escribir esto. Las busqué en Internet.

Fue una buena noche después de todo, si pudo acabar con una bella canción. Iré a ver las películas ganadoras del Oscar, solo o acompañado, no importa, lo difícil fue empezar. Pero por si acaso, evitaré la excesiva energía de Risso. Ojalá y hubiera un cine de pueblo cerca. Como el de Cinema Paradisso. O como la filmoteca del Museo de Arte en los 90, cuando perdidos en la inmensa sala que me daba alergía, 10 personas veían desperdigadas, por unos cuantos soles, algún retazo de lo que entonces no sabían, serían sus recuerdos.

5 comentarios:

  1. 1990 fue el año en que me enfrenté a la soledad, neoindividualismo le llamaba solapadamente pero al fin y al cabo soledad. Recorría todos y cada uno de los cines de Lima sobaqueando un diario "Extra" quien me ofrecía el listín más exacto y a un menor precio. Lo utilizaba como catarsis para refugiarme en historias ajenas pues la mía estaba totalmente destruida. Mi historia, que paradojicamente empezó en un cine cuando conocí a mi alma gemela en otra butaca silente (En el Portofino de la Av. COlmena y viendo "The Abyss" para mayores datos)y que 9 meses después la perdería para siempre en circunstancias que no vienen al cuento. Y sin embargo fuí feliz. Claro que ayudó el hecho que fue un buen año, un "good vintage". Novo Cinema Paradisso la estrenaban con 2 años de retraso, Dead Poets Society del irregular Peter Weir se exhibía al menos en el Arenales Jade y a las 11 p.m. Spielberg sacaba lo mejor de su artesanía feeling con "Always" Ron Howard sobrevivía en un guión a una familia disfuncional con "Parenthood". Costa Gavras denunciaba con su "Music Box" Palma estrenaba "The Untouchables" Burton sacaba su tarjeta de presentación con "Edward Scissorhands" La lista sería interminable. Ahí y a partir de un hecho triste me eduqué en la vida. Esos títulos me salvaron, estos cines me ayudaron a sobrevivir aún cuando todos ellos cayeron finalmente. Adios al cine Bijou con sus funciones desde las 11 am. Al Pizarro frente al Unión en la Plaza Italia,al Orrantia con olor a kerosene en sus pisos, al Lido con sus luces de neón debajo del écran, Al Diamante, al Capitol, al Ritz, al Conquistador con sus películas de madrugada y sobre todo al cine que mejor consoló mis penas en su refugio art decó: El Cine Tauro.

    Hoy 2 décadas después y con una familia a cuestas intenté alguna vez timidamente volver a enfilarme solitariamente en la entrada de algún multicine pero ya no lo saboreaba igual, tal vez esta industria de sueños ya había cumplido una misión conmigo y tejía hoy en día el destino de otra alma errante.

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  2. Su comentario es mucho más interesante que mi post, la verdad.

    No conocí muchos cines de barrio. Ya estaban desapareciendo con mucha velocidad durante mi adolescencia. De muy pequeño frecuentamos gracias a mi madre los cines alrededor de Plaza San Martín, el Metro, el Plaza, el Bijou, para ver clásicos infantiles como "Campo espacial" o "Karate Kid". Pero esos no eran cines de barrio exactamente, aún estaban bien, aún ese centro defendía una cuota de prestigio inmerecido. También por esa época fuimos a ver en alguno de los Arenales "Corto circuito", un melodrama para niños con un robot post E.T. Pero lo que me impresionó, mil veces más que la función, fue el centro comercial: comimos helados, miramos vitrinas, vimos juguetes. Para mi puñado de años, era la riqueza. También era la excepción.

    El cine de barrio de mi vida fue el Junín. Fuimos muchas veces, con mis hermanos, con mis padres, con el colegio (funciones para aulas enteras). Vimos de todo, desde "Don Quijote" hasta la "Guerra de los niños". Había siempre algo de aventura porque los maestros nos decían hey vayan con cuidado, este sitio es peligroso, no se separen. Era enorme o eso me parecía. En el corazón de San Martín de Porres, quizá siga allí, igual de feo, reinaba.

    Antes de que los pequeños cines se convirtieran en porno o iglesias, alcancé a ver "Cobra" gracias a la energía de un primo hoy migrante en España, en un destartalado cine que quedaba en el jirón Trujillo, se me va su nombre. El Tauro, que me llamaba la atención por sus colores, por su estar allí desentonando con el paisaje del centro, ya era porno y nunca entré.

    Ya en edad de ir por el mundo solo, no habían cines. Quedaban el Pacífico y el Julieta en Miraflores, es cierto. Pero sobre todo, por lo menos para mi, estaba la Filmoteca del Museo de Arte, con su plus de tener ya un bello parque y poder sentarse mucho rato, simplemente así, divagando, en una escalera acogedora. Las funciones de la Biblioteca Nacional, magníficas, que venían a veces con sus comentarios. Alguna que otra del teatro de San Marcos y un poquito después, el Centro Cultural de España, lugar de resistencia, por largo tiempo, de la cultura en una ciudad desconcertada. En estos viejos lugares vi mucho de lo que recuerdo. El cine que aún busco.

    Aún cuando lo busque un poco bobamente, en el discotequero cine Risso.

    Muchas gracias por su comentario. Los multicines no están diseñados para visitantes solos. Pero infiltrados, ni lo notarán.

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  3. Se podría hablar horas de horas de estas experiencias y no obstante caeríamos inevitablemente en el cliché que postula que todo tiempo pasado fue mejor. La mayoría de las películas que hace mención también fueron mías en su momento. No hay que tener miedo de manifestar haber asistido a una exhibición del mejor cine "popcornero" así como no todos los días nos apetece un croissant o un filet mignon, deseos antojadizos hacen que volvamos a la comodidad de saborear un buen budín de medio sol o la chanfainita de nuestra casera de turno. Pienso que en el cine pasa lo mismo.
    Con respecto a los cines que asistió, es una suerte que el cine Junín sea hoy un cine café, creame que hace 10 años atrás habría apostado lo poco que tengo en su inevitable y lamentable demolición, pero así es el destino, sobrevivió a muchas otras de mayor asistencia y estructura.
    No pasó lo mismo con el cine al que alude ubicado en el Jirón Trujillo, que por cierto se llamaba "Perricholi" y que sucumbió a ese afán de los hipermercados: Metro en este caso, de apoderarse de cines tradicionales con el pretexto de restaurarlas, lucra en sus espacios en giros totalmente diferentes de su natural concepción. No me crea pretencioso, pero ver hoy una góndola de papas donde alguna vez dos manos sudorosas y prepubescentes se aferraron haciéndome latir el corazón a mil, sea el mejor concepto de lo que prentenden llamar "recuperación histórica".
    Muchas gracias por su pronta respuesta y siga con sus magníficos aportes sociales, que tanta falta hacen hoy en día.

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  4. Me estoy poniendo al día con tu blog JoseCarlos, después de este mes de andar solo medio conectada a estos rumbos cibernéticos. Como siempre, me emocionas.
    Ir al cine con uno mismo, tratar de cantar una canción, dominar el arte de saludar...
    Gracias por tantas sonrisas!
    Te mando un abrazo.
    MaKatia

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  5. MaKatia ¡ Estar medio conectada no está nada mal. Claro, depende de los motivos. Si te cortaron la luz, el internet y el agua por no pagar y viviste con velas y baldes prestados por los solidarios vecinos, entonces bacán salir de eso. Si fue por desconexión temporal de los sensores que captan las ondas electromagnéticas que combaten la melancolía, entonces ni modo, así es la vida, y qué bueno que se acabe el bajón. Pero si fue fruto del libre albedrío, no es un mal ejercicio. Gracias por leer estas cosas de vez en cuando. Cuando nos veamos, comprobaras si llegué a dominar o no, el antiguo arte del saludo empático. Abrazo. JC

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