martes, 27 de marzo de 2012




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La memoria es buena porque sana. Pero nadie le pregunta al enfermo de qué quiere curarse. ¿Cómo se cura uno de su propio pasado?

La memoria es buena porque evita que todo se repita. ¿Pero cómo un buen ejemplo impide la tortura? 

La memoria es buena porque sirve a la justicia. ¿La justicia que tarda 30, 50 años para seguir callada, que en el mejor de los casos es una justicia selectiva? A la justicia le iría mejor con menos memoria y más presente.

La memoria sirve a la gente para hacerse visible, para luchar por su inclusión. ¿La memoria como un producto, como un capital, la memoria como una herida que se exhibe?

La memoria cuestiona las verdades oficiales, la memoria reta los discursos hegemónicos. Cada grupo, sobre todo los subalternos, tienen su memoria. Todas valen. Todas las millones de memorias conviviendo en un océano de relativismo. ¿La verdad sólo es un sueño ingenuo pasado de moda?

Las batallas por la memoria, cuántos verdades dejan muertas. Cuántos animales carroñeros alimentan. Gozosos, ejerciendo su tecnología de bondad. O cultivando una versión de arte popular que sí sana, pero a sus cultores.   


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